7 de enero de 2011

Persiguiendo Unicornios

Despierta de una vez,
abre ya los ojos.
Date cuenta de quién eres,
de lo que puedes llegar a ser.

Persiguiendo unicornios,
buscando pegasos,
cazando quimeras,
y, quizás, algún dragón.
Sólo se escapa
tu vida.

La realidad que te rodea
está llena de maravillas.
Deja tu puto mundo de fantasía,
date una oportunidad.

Es una amante que ama hacerte daño,
no puedes controlar lo que sucede.
Pero lo que puedes sentir, vivir,
créeme, será mil veces más fuerte.

Persiguiendo unicornios,
buscando pegasos,
cazando quimeras,
y, quizás, algún dragón.
Sólo se escapa
tu vida.

Despierta ya,
sal a la calle.
Armarte de valor
y lanza al mundo una sonrisa.

Persiguiendo unicornios,
buscando pegasos,
cazando quimeras,
y, quizás, algún dragón.
Sólo se escapa
tu vida.

Persiguiendo unicornios,
buscando pegasos,
cazando quimeras,
y, quizás, algún dragón.
Sólo se escapa
tu vida.

6 de enero de 2011

7 de Setiembre de 1998

Sin ánimos, más por pura inercia que otra cosa, Jack se incorporó de la cama y se dirigió con paso lento hacia la ventana. Dejando caer su peso en el marco cuando se encontró al lado de ella. Y así, mientras el muro sostenía en parte a su cuerpo, se quedó mirando a la calle delante del edificio.

Era un día radiante y varios niños aprovechaban los últimos días antes de empezar las clases para jugar en las aceras. Cerca de ellos, un grupo de mujeres, sus madres, charlaban animadamente sentadas en un banco mientras de vez en cuando echaban un vistazo a los niños o les llamaban para darles algo de comer. En la parada de la estación de autobuses, estaba un solitario adolescente, con una guitarra al hombro y los auriculares puestos, que se balanceaba al ritmo de la música mientras esperaba que llegase el autobús. Sin que se diese cuenta, un grupo de chicas jóvenes pasó detrás de él y se quedaron mirándoselo. En el parque cercano, un par de niños jugaba con un perro, un labrador de dorado pelo largo. Mientras, una pareja avanzaba abrazada mientras compartían un helado. En un banco cercano a ellos, una pareja de ancianos, compartían un sándwich.

La visión fue demasiado para Jack, que no pudo evitar que dos grandes lágrimas salieran de sus ojos y se deslizaran por su mejillas mientras su mirada y su cuerpo se dirigieron a la foto enmarcada que se encontraba al lado de la cama.

Aisling tenía, como siempre una enorme sonrisa en el rostro, mientras lo envolvía con sus brazos. Con suavidad, como si temiera que apretando demasiado se rompiese, Jack acarició la foto. Su pelo rubio como el trigo, su piel blanca como la luna, sus ojos turquesa como el mar tormentoso.

Pero por más que lo intentase, Jack no podía parar de recordar la imagen de Aisling la última vez que la vio. Lo tenía grabado a fuego en la memoria. Su piel chamuscada, su cuerpo deformado, las partes de la cara ausentes.

Despacio volvió a dejar la foto y se dirigió al mueble donde había dejado a una agonizante botella de whiskey. El alcohol era lo único que le permitía mantener a los fantasmas a raya. Vertió el contenido en un vaso, hasta que no quedó ni una gota en el interior de la botella.

El teléfono empezó a sonar.

4 de enero de 2011

Legado de una Obsesión

Sébastien sacó de su bolsillo la antigua llave negra y la metió en la cerradura. Después de girarla y oír como se abría la puerta, cerró los ojos y respiró hondo un par de veces. Aunque no había dejado de ver a su tío Gilles en los últimos años, no entraba en su casa desde que tenía cinco años.

Cuando se sintió preparado, volvió a abrir los ojos y empujó la puerta hacia adentro, sin saber exactamente lo que se iba a encontrar. Lo primero y que más le sorprendió era que el aire del piso era limpio y fresco. Teniendo en cuenta de que él era la primera persona en entrar allí desde el fallecimiento de Gilles la semana anterior, era sorprendente.

Lo otro que vio, ya no le sorprendió tanto, ya que formaba parte de sus recuerdos de infancia. Por doquier, había montones y montones de libros. Las paredes estaban cubiertas de estanterías repletas de libros y en el suelo varios montones inestables de volúmenes diversos les hacían compañía. Así era su tío.

Cerró la puerta y dio un breve paseo por el piso. La cocina era pequeña, funcional y casi desprovista de todo. Lo que era previsible en alguien acostumbrado a comer siempre fuera de casa. El baño, impecablemente pulcro también decía mucho de tío Gilles. Igual que lo hacía la pared donde estaba la bañera/ducha, ya que toda ella era un inmenso espejo. Aunque Sébastien no tenía muy claro si era para verse él mismo o para disfrutar de la visión del cuerpo de sus jóvenes ‘novias’. Tratándose de ese viejo zorro, probablemente las dos. Se acercó hacia la bañera blanca y vio que tenía instalado un moderno sistema de hidromasaje.

Volvió al salón y, sorteando su camino entre varios montones de libros llegó a la habitación de su tío. Aparte de un armario en el que guardaba su ropa, una pequeña mesita de noche de hierro forjado y un mullido y enorme colchón en el suelo con sábanas de seda, no había más que otro montón de libros. Mientras acariciaba las sábanas de seda roja, Sébastien sonrió al recordar a Gilles. Esa mezcla extraña de austeridad y vida de lujos en la que vivía siempre cautivaba a la gente. Dejó caer la tela al fijarse en el libro de arriba del único montón que se encontraba en la habitación. Era un tomo gruesa, encuadernado en cuero negro y por su apariencia, muy antiguo. Ni en la portada, ni en el lomo aparecía título alguno. Sin acabar de comprender porque, Sébastien lo cogió mientras se dirigía a la ventana que conectaba con la terraza, otra de las ventajas de vivir en un ático.

Cuando estuvo fuera, abrió el libro por un punto cualquiera y mientras en una de las páginas estaba impresa en latín, en la otra estaba el grabado de una mujer desnuda sentada encima de una serpiente con una espada en una mano, una copa en la otra y una población en llamas en el fondo. Movido por la curiosidad, Sébastien miró el texto latín a ver si podía sacar algo en claro, pero el abandono en que había tenido a esa lengua los últimos años habían pasado factura y después de que tras cinco minutos, no hubiera traducido más que un par de líneas en las que se hablaba de una serpiente que nacía de las llamas, decidió dejarlo. Pero antes de cerrar el libro, pasó al principio, en cuya primera página se leía claramente Di Umbrarum Regni Novem Portis. Las Nueve Puertas al Reino de las Sombras. Sébastien sonrió y cerró el libro sin darle más importancia mientras se acercaba al borde de la terraza a mirar a la calle. Mientras veía a la gente pasear, por un momento, perdió el aliento. Quizás sólo hubiera sido una mala pasada de su mente, pero hubiera jurado que en café que se encontraba en la acera de delante, había visto a la adolescente que estaba en el cementerio el día anterior y, lo que es más, parecía estar mirando hacia él. Pero sólo la había visto un instante, antes de que un grupo de gente se pusiera en medio. Cuando acabaron de pasar, ella no estaba allí. Quizás no fue más que un espejismo.

Volvió al dormitorio y al dejar el volumen en su lugar, se fijó en el libro siguiente. Un libro mucho más moderno, encuadernado en piel, titulado Treatise on the Devil. Eso bastó para captar la atención de Sébastien que se fijó en el resto de libros de ese montón y todos, o bien, no tenían título en el lomo, como el que todavía sostenía en la mano o hacían alguna referencia al Diablo.

Aunque nunca había creído en esas cosas, Sébastien no pudo evitar preguntarse, mientras cerraba la puerta del piso al salir, si todas las cosas sorprendentes de su tío Gilles, su éxito, su salud,… se debían a algún tipo de pacto con el diablo.

2 de enero de 2011

Sabor a Salitre

Empieza un nuevo año y yo me dedico a recorrer la arena de la playa, mientras a pocos metros de mí, el suave oleaje golpea la línea de la costa. Un cielo grisáceo, las bajas temperaturas y la resaca de la noche anterior, hacen que sea muy poca gente la que se encuentra también aquí.

Pese a todo, me parece una estampa de una belleza sublime. La verdad es que es en invierno el único momento en el que me gusta ir a la playa. La quietud de la que se disfruta hace que al quedarme mirando la inmensidad de la mar, mi mente fluya igual que sus olas.

Mientras me quedo mirando el inmenso azul ante mí, noto como dentro de mí, algunas cosas empiezan a cambiar. Es como si las preocupaciones que pesan sobre mi alma, se las llevara la resaca del oleaje. Como si todo aquello que no importa se fuese con el agua. De la misma manera que el embate de las olas dejan al descubierto conchas enterradas bajo la arena, es como si hicieran darme cuenta de las cosas que realmente importan y que estaban enterradas bajo preocupaciones superfluas.

Respiro hondo. Es como una liberación. En este momento me siento capaz de hazañas elevadas, de cualquier cosa. Me siento como si fuera una flecha colocada en un arco tensado. Ahora que mis objetivos, que mis prioridades están claras, tan sólo deseo volar, hacer que se cumplan.

Una ola más fuerte que las demás, rompe a poca distancia de mis pies y algunas pequeñas gotas me salpican. Una de ellas, va dar en mis labios, con un leve movimiento de la lengua, la lamo y paladeó ese sabor a salitre.

31 de diciembre de 2010

Cruel Cazador

Cruel cazador,
tu oponente soy yo.
Demostremos quien
es el mejor.

Deja las armas,
luchemos con el corazón.

Luchas por el odio,
la codicia y la muerte.
Yo, lucha por el amor,
la vida y la ternura.

Quien de los dos ganará,
todos lo saben ya.
Quien es el mejor,
ya nadie lo duda.

Cruel cazador,
ven aquí conmigo,
afronta tu destino.

29 de diciembre de 2010

Sensación a Cristales de Hielo

Apenas ha empezado a salir el sol y, aunque su luz ya ilumina el pueblo, todo está cubierta por un ténue velo grisáceo. La luz es débil y el calor del sol es incapaz de calentar a una gente que va tan abrigada que es imposible identificarles más que por la leve rendija no cubierta donde tienen los ojos. De acuerdo, de acuerdo. Excepto en mi caso. Estoy trabajando y a parte del jersey encima del polo y una camiseta debajo de ellos no llevo nada más. Me encanta sentir la caricia del invierno en mi rostros, en mis brazos. Una vez me dijeron que como soy una persona muy fría emocionalmente, por eso me gustan tanto las temperaturas bajas. Si eso es verdad o no, no lo sé, ni importa, sinceramente.

Cuando estoy cruzando el puente sobre el río, lo veo. Allí la veo. Tan quieta, tan bella, tan perfecta que no puedo evitar sonreír. Echó una fugaz mirada al reloj. Tengo unos minutos de sobra. Así que sin dudarlo ni un momento, apenas acabo de cruzar el puente bajo por unas escaleras a la orilla del río y me quedo mirando a la garza real.

Cada vez que veo a una, me animo. No sé porque, pero es una sensación maravillosa. Especialmente cuando se trata de una en pleno vuelo, libre de ataduras, libre para moverse adonde quiera, libre, incluso, de la gravedad.

A menudo, he soñado con ser un pájaro y poder, con sólo mi esfuerzo, poder levantarme del suelo, poder surcar los aires, atravesar las nubes algodonosas, hacer carreras con las tormentas. Ser libre en ese inmenso medio transparente. Liberarme de todo, incluso de las leyes de la física que me atraen una y otra vez de manera inexorable al suelo. Volar tiene que ser tan magnífico.

No dejo de observar a la garza ni un segundo, cuando de repente, como activada por un resorte, se incorpora y da un par de zancadas mientras bate sus alas, alzándose grácilmente del agua. Sonrió mientras la veo alejarse y el aire frío de la mañana me deja en la cara una sensación a cristales de hielo.

27 de diciembre de 2010

Funeral por un Brujo

Sébastien se acurrucó más en su abrigo mientras con la mano libre se limpió una lágrima que empezó a brotar. Si tío Gilles lo viera llorando por él, seguro que empezaría a reírse. La verdad es que Gilles no era su tío, ni siquiera el de su madre, sino el de su abuelo. Pero para Sébastien, siempre fue aquel tío mayor, algo extraño, pero siempre sorprendente.

Y con sólo echar un vistazo a su alrededor era fácil ver porque Gilles resultaba tan sorprendente. Además del grupo de parientes que todavía le hablaban, cerca del ataúd, estaba varia gente de edad avanzada, todos pulcramente vestidos y al resguardo de la lluvia con paraguas sombríos. Varios académicos que habían trabajado con tío Gilles o habían sido alumnos suyos. Viendo los estragos de la edad en sus rostros, era difícil no sorprenderse al ver el rostro del difunto, que no parecía tener más de cincuenta y pico años, pese a haber cumplido probablemente más de cien. Siempre estuvo dotado de una vitalidad y dinamismo sobrehumanos. En ese momento, Sébastien se fijo en otro grupo de personas y no pudo más que esbozar una sonrisa sarcástica. Un grupo de chicas que no llegarían a los treinta años, estaban vestidas de luto y lloraban desconsoladas. El viejo zorro siempre tuvo fascinación por las chicas jóvenes.

De repente, sonó una corneta y un grupo de militares franceses levantó el ataúd. Sébastien se sorprendió mucho al ver su presencia allí, ya que de entre las muchas cosas que su tío Gilles había hecho en vida, nunca pareció haber tenido relación con el ejército. Como siempre con el viejo, la verdad acabó superando la ficción, ya que resulta que fue uno de los héroes de la Resistencia contra los nazis. Mientras el ataúd se movía lentamente, Sébastien lo siguió con una sonrisa. La verdad es que había tenido una vida muy interesante.

En ese momento, algo captó su atención hacia otra zona del cementerio. Al lado de un árbol, y medio oculta por una de las tumbas, estaba una joven adolescente mirando a la comitiva. Aunque no parecía tratarse de una de las 'novias' de su tío Gilles. Iba vestida con tejanos, una chaqueta verde y un gorro de lana que le tapaba el cabello. Pero lo que más le sorprendió es que parecía mirarlo directamente a él. Perturbado por eso, alejó un segundo la mirada, y para cuando volvía a mirar adonde estaba la chica, ésta había desaparecido.

Sin querer darle más importancia, se unió a la comitiva, al lado de una gente que adornaba su vestuario oscuro con símbolos ocultistas, simples, no ostentosos y bastante escondidos, pero no para alguien a quien su tío contagió su fascinación por el ocultismo. Una mujer de unos treinta años, con el pelo recogido en un moño y unas estilizadas gafas se lo quedó mirando y cuando sus miradas se cruzaron le dirigió una sonrisa. Mientras se la devolvía, Sébastien se dio cuenta de que hasta ese momento no se había fijado en ella, pese a que emanaba una belleza sofisticada, embriagadora. Pero, lo que más chocaba es que, a diferencia, del grupo de gente en el que se encontraba, no había ningún símbolo, amuleto o tatuaje místico en ella. Tan sólo un sobrio traje-chaqueta oscuro.

Finalmente, el ataúd empezó a descender al frío suelo mientras un sacerdote pronunciaba unas palabras. La lluvia empezó a caer con más fuerza y las gotas hicieron que las ofrendas situadas encima de la tapa del ataúd se cayeran a los lados, incluso un par de cruces situadas allí, se fueron con el agua. Sébastien levantó la mirada a las nubes, casi esperando ver a tío Gilles sonriendo. Había sido tan propio de él. Cuando bajo la mirada, vio a un hombre aproximadamente de su edad, veintiséis años, apoyado en la pared de un mausoleo, aprovechando el dintel para resguardarse de la lluvia mientras se fumaba un cigarro y contemplaba la escena con unos ojos tan claros que parecían dorados.

En el momento en el que el ataúd tocó el fondo de la zanja, empezó a soplar viento y de los árboles cercanos se levantó, graznando, una bandada de cuervos.

Sébastien fue el último de abandonar el cementerio y, resguardado por su paraguas se dirigió hacia la pequeña habitación del hostal. Ya habría tiempo para ir al piso que tío Gilles le había legado el día siguiente.

23 de diciembre de 2010

Tiempo para Echarte de Menos

Hay algunas veces
en las que es difícil expresarse,
algunas cosas que
no son fáciles de decir,
y esta es una de ellas.

Cuando te tengo cerca,
siento que soy mejor persona,
que nada hay que no pueda hacer;
y aún así,
esto te debo decir.

Siento que me falta
tiempo para echarte de menos.

Incluso el más dulce néctar
se puede volver empalagoso
si no se paladea,
sin ese anhelo por sentir su sabor.
Y, para mí, este amor
es como ambrosía de los dioses.

No malinterpretes mis palabras,
que no te lleguen a confundir.
No quiero que deje de existir
un nosotros.
Pero para que haya un nosotros,
tiene que seguir habiendo un tú y un yo.

Quiero tener
tiempo para echarte de menos.

Sentarme solo en una montaña,
notar tu ausencia a mi lado,
llamarte y quedarnos hablando,
reconfortados en la voz del otro,
deseoso de vernos al día siguiente.

Llegada la noche,
tumbarme en la cama,
cerrar los ojos
y sentir el fantasma
de tus caricias, de tu piel,
de tu pelo haciéndome cosquillas en la cara,
inspirar hondamente en mi almohada
el leve rastro de tu olor.

Sólo deseo un poco de
tiempo para echarte de menos,
y así amarte con más fuerza.

17 de diciembre de 2010

26 de Agosto de 1997

Jack no podía dejar de sonreír mientras avanzaba entre la multitud con un par de cervezas en la mano. Sí, estaba en los Jardines Botánicos de Belfast escuchando un concierto brutal de U2. Pero, no era por eso, no. Ni tampoco porque estaba en el concierto con Aisling, con quien llevaba saliendo ya medio año y de quién cada día estaba más y más enamorado. No, era por algo todavía más grande que ellos, más enorme incluso que su amor. Por fin, tras tantos intentos fallidos, tras tantos traspiés y moratorias, se veía luz al final del túnel. Todo parecía indicar que esta vez iba a suceder. El Proceso de Paz de Irlanda del Norte se iba a llevar a cabo.

Tanta gente había muerto, tanta sangre había sido derramada… Pero por fin, esos tiempos podrían quedar atrás. Dejar esa vida no iba a ser fácil para nadie, pero Jack estaba convencido de que merecía la pena. Y hablaba por experiencia propia. Pese a que apenas contaba con 21 años, llevaba desde los 14 luchando contra miembros de la Asociación de Defensa del Ulster y otros grupos de parecida afiliación. Desde que se integró en el Ejército Republicano Irlandés había tomado parte en la muerte de varias decenas de personas. Pero, por fin, todo eso podría quedar atrás.

Cuando llegó junto a Aisling y vio la sonrisa de ella renovó su promesa de no contárselo nunca. Le dolía enormemente tener secretos con ella, pero no iba a ser tan egoísta de hacerle cargar a ella con su culpa. Cuando le entregó su botella de cerveza, ella se acercó a él y le dio un apasionado beso en los labios, al que él se entregó de inmediato. Cuando se separaron y se quedaron mirando a los ojos uno al otro, con una sonrisa de enamorados en los labios, en el escenario, Bono empezó con el estribillo de With or Without You.

15 de diciembre de 2010

Buscador Tenebroso

Todo empieza en una de las clases del instituto. La verdad es que no tengo muy claro que estábamos haciendo, ni quién era el profesor o profesora que teníamos en ese momento. Sólo sé que estaba sentado en mi lugar de siempre. Y, de repente, la puerta se abrió de golpe, entrando un aire gélido, tan glacial que las decoraciones que están en la entrada quedaron cubiertas de escarcha. Antes de que nadie tuviese tiempo de levantarse a cerrarla o siquiera mencionarlo, entró una alta figura oscura de forma humana, aunque vagamente deforme. Debido a su altura, tuvo que agacharse para pasar por el marco de la puerta. Iba completamente vestida con algún tipo de ropaje oscura, una túnica o una gabardina quizás, y en su cabeza, una gran capucha que no dejaba ver ni un atisbo de su rostro. Sin mover ningún miembro de su cuerpo, la figura avanzó un par de metros. Ninguno reaccionamos.

Entonces, finalmente se movió, levantando su mano derecha y señalando a una chica. Con ese movimiento, su mano salió de la cobertura de la tela, revelando una especie de guantelete metálico, aunque parecía que casi podías ver a través de él. Finalmente, se oyó su voz, aunque más que provenir del ente, parecía resonar por toda la clase. Después de llamarla por su nombre, añadió:

Vengo a por ti.

Para cuando me di cuenta de algo, ya me encontraba de pie, delante de la figura, interponiéndome en su camino hacia la chica, que se trata de la chica por la que me siento atraído. Mi mirada se dirige a la negrura donde debería estar su rostro.

Llévame a mí en su lugar.” Sin dejar de sostener la mirada en el sitio, alargo el brazo izquierdo hacia atrás, hacia ella y la llamo por su nombre. “Vete, rápido.

No.” responde ella mientras se levanta de su sitio, hacia mí.

En ese momento, la figura se dirige hacia mí con su garra de metal o cristal, al mismo momento yo me lanzó contra ella con todo mi peso. Y aunque me acabo llevando un feo corte en el hombro, consigo empujarla contra la pared. Sin detenerme, me lanzó contra ella a la vez que llamó por el nombre a las dos personas en quién más confío de la clase.

Por favor, ayudadla a salir de aquí. No dejáis que la atrape.” y tras estas palabras le lanzó una patada contra el plexo solar. Que me acaba doliendo más a mí que a eso. Es como si hubiera dado una parada a un muro de carga. Pero por suerte, oigo como se abre la puerta del fondo de la clase y por el rabillo del ojo, veo que entre los dos se la llevan. Sonrío. Al menos puedo intentar darles algo de tiempo.

Finalmente, el resto de gente la clase empieza a reaccionar y salen de la clase. En especial, hay una chica que sale nada más acaban de salir ellos tres. A la vez, esa extraña figura parece recomponerse y se acerca a mí.

¿Crees que podrás detenerme? ¿Qué podrás vencerme?” me pregunta con su voz fría, que retruena con las paredes.

No. Ni siquiera me lo planteo.” le respondo mientras intentó recuperar la sensibilidad en la pierna con la que le golpee.

Entonces, ¿por qué luchar? ¿Por qué resistirte?” En su voz aparece por primera vez un atisbo de emoción, parece estar intrigado ante algo que no comprende.

No podía quedarme quieto. No pienso permitir que le hagas nada.” por fin empiezo a recuperar sensibilidad en la pierna, aunque me duele horrores.

Así que sigue habiendo héroes.” su tono de voz revela un cierto matiz de insulto “Sé tratar a la gente como tú.

Tras eso, se lanza contra mí, con la garra por delante, consigo esquivarla y dirigir un puñetazo a donde estaría su cara, pero nada detiene el recorrido de mi brazo, que desaparece en el interior de la capucha. Intento detenerme y alejarme, pero antes de que pueda hacer nada, la oscuridad que sería su rostro crece y me engulle.

En ese momento, mientras noto como si mi cuerpo fuera transportado a gran velocidad, veo lo que ocurre en el pasillo, como la estampida de gente se aleja de la clase. En cabeza van ellos tres y la chica que ha salido justo detrás de ellos. Pero, entonces, de repente, la figura se aparece delante de ellos, y abriendo los brazos crea delante de ellos un agujero negro que los atrae y absorbe.

Al poco, aparecen en una cueva oscura y húmeda. La misma a la que yo había sido enviado antes. Sé que saben que estoy allí, aunque no sepan dónde.

Me encuentro en una cueva oscura, húmeda y con olor a mar. Estoy atado con cadenas a una roca inmensa y delante de mí, hay una pequeña apertura que durante las horas de marea baja, me permite ver algo de luz del exterior. El resto del tiempo, el agua salada llega hasta mí, y las olas me golpean con fuerza. Desconozco cuanto tiempo llevo sufriendo esto. No siento ni hambre, ni sed, ni sueño, nada. De hecho, ni recuerdo quien soy, porque estoy aquí…

De repente, noto como aparece una luz plateada en un lateral. Es ella. Aunque no recuerdo como se llama, ni quien es, sé que es ella. Al verme en ese estado, le brotan unas lágrimas y se lanza a la carrera hacia mí. Justo cuando está delante de mí, con gestos muy lentos posa una mano tiernamente en mi mejilla. Al notar el contacto de su piel, noto como mi memoria me vuelve. Recuerdo quien soy, pero, sobre todo, recuerdo quien es ella.

Después de que recuperara mi memoria, me la quedo mirando y con las pocas fuerzas que me quedan consigo susurrar su nombre, entre las lágrimas, se le dibuja una gran sonrisa, que pronto se me contagia. Entonces, se acerca todavía más a mí, y poniéndose de puntillas, me rodea los hombros, besándome en los labios. Y es, en ese momento, cuando notó sus suaves labios acompañados del sabor salado de sus lágrimas que las cadenas que me retenían se rompen y caen al suelo.

Despierto.