29 de agosto de 2011

Caricia de Gotas de Agua

Me apartó el pelo de la cara mientras el agua de la ducha va cayendo sobre mí. Intentando centrarme en esa sensación que te deja mientras va llevándose consigo el sudor y el cansancio.

Pero el caso es que no puedo apartar mi mente de ella. Cuando volvía de correr, me he encontrado con ella. A estas alturas debería haberlo superado, lo sé. Pero como si de una mala indigestión se tratara no para de repetírseme de vez en cuando. Como si nunca acabara por completo de dejarla atrás.

Desde el primer día que la vi, hace ya casi un año y medio, captó mi atención. Instalándose, de manera permanente, en mi cabeza. ¿O debería decir corazón? Quién sabe.

Últimamente, las veces que nos encontramos, charlamos y bromeamos, incluso un día, en broma, me invitó a cenar a su casa. Prefiero no pensar en la posibilidad de intimar con ella.

Suspiro con la esperanza de olvidarme de ella y que mi mente se aclare con la caricia de gotas de agua.

22 de agosto de 2011

Un Sueño Perturbador

Acabada ya la preparación de las siguientes clases, Sébastien apagó el portátil y, tras recoger sus notas, se dirigió a la cama.

Pronto se encontró soñando.

Estaba hablando con algunos de sus alumnos en una cafetería cercana a la universidad que a veces frecuentaba. Todos estaban atentos a sus palabras y, entonces, mientras su mirada recorría el local, la vio entrar. Era la misma adolescente que estaba en el cementerio. Llevaba un vestido de lino blanco y la ausencia de la gorra, mostraba su pelo castaño, liso y sedoso que le llegaba hasta el cuello. Nada más traspasar la puerta su mirada se clavó en la de Sébastien. Esos ojos verdes como esmeraldas, parecían brillar con una fuerza interior, llamándole.

Atraído y a la vez dispuesto a resolver el misterio de esa chica, Sébastien se levantó y se dirigió hacia ella. Cuando estuvieron cara a cara, ella tiró de él y levantándose de puntillas, apretó sus labios contra los de él, que no tardó en entregarse al beso a su vez. Sin dejar de besarlo, la chica lo acercó a una mesa mientras le arrancaba la camisa. Después de deshacerse de ella, la joven, de un manotazo, quitó las tazas y copas que estaban en la mesa y con una fuerza inesperada en un cuerpo tan pequeño, tumbó a Sébastien en ella.

Las chicas que estaban sentadas alrededor de la mesa no se movieron mientras la adolescente acababa de desnudarlo sin dejar que se levantase. Tampoco dejaron de mirar mientras ella se colocaba encima de la mesa y acariciaba el cuerpo del marsellés a la vez que con la otra mano se quitaba la ropa interior, sin quitarse el vestido. Unas braguitas de color blanco con bordados rosas en los bordes y un lacito en la parte de delante. Las echó en el pecho de Sébastien mientras se colocaba a horcajadas encima de su sexo y empezaba a moverse frenéticamente. Dejándose llevar por la situación, Sébastien se movía siguiendo el ritmo de la desconocida, ignorando las miradas que toda la clientela de la cafetería les estaba dirigiendo.

Sus movimientos se aceleraron y la chica le clavó las uñas en el pecho mientras gritaba extasiada. Por su parte, Sébastien sentía como todo su cuerpo vibraba. Y en un mismo instante, ambos alcanzaron el clímax al unísono.

La joven sin dejar de moverse rítmicamente, aunque ya más despacio, se inclinó hacia Sébastien besándolo con fuerza. Después acercó su boca a la oreja de él a la vez que le ponía su ropa interior en la mano.

- Para que no te olvides de mí. - su voz sonaba sensual e inocente a la vez, tal y como el se la había imaginado.

Empapado de sudor, Sébastien despertó alterado. Aquél sueño había sido muy extraño. Pero su confusión todavía aumentó más cuando se dio cuenta de que en su mano derecha se encontraban unas braguitas blancas con bordados rosas en los bordes y un lacito en la parte de delante.

31 de julio de 2011

Nunca

Como dos planetas errantes
nuestro destino parece escrito.
Nuestro rumbos destinados
a nunca encontrarse.

Reflejado en tus ojos azules,
yace todo aquello
que pudimos ser
y jamás fuimos,
que podríamos ser
y nunca seremos.

Tu pelo rubio no hará
cosquillas en mi piel,
posarse mis labios en la tuya
nunca sucedió.

Quizás sea para bien,
quizás sea para mal,
jamás lo sabremos.
Pero no podemos evitar
pensar en todo aquello
que nunca tuvimos ni tendremos.

26 de junio de 2011

23 de Octubre de 2000

Jack se quedó mirando como la lluvia caía incesante en la calle, ignorando el resto de la pinta que le quedaba. Tenía tantas cosas que integrar, que asumir.

El día había empezado como otro cualquiera en su vida últimamente. Llevaba varios meses moviéndose por Irlanda y el Reino Unido sin detenerse más de unos días en ningún sitio, siempre en movimiento. Se había acercado al bar a tomarse una cerveza mientras miraba el mapa y decidía su siguiente destinación. Y, cuando apenas, había tomado un par de tragos, él se sentó en la mesa de Jack.

Iba vestido con una gabardina oscura. Sus facciones y corte de pelo revelaban una fuerte disciplina, quizás un pasado militar. Jack tensó sus músculos preparándose para lo que pudiera suceder. Aunque cuando el desconocido habló no supo cómo reaccionar.

Reconoció la voz al instante. Pese a que sólo la había oído una vez. Se trataba del comandante Gillroy.

A medida que el británico hablaba, el norirlandés fue perdiendo el recelo ante la extraña e inesperada visita tras dos años sin tener noticia alguna. Lo que el militar le proponía parecía totalmente descabellado, habladurías de borracho de taberna. Pero había algo en la voz del comandante, en el aplomo que mostraba que no sólo aseguraba su veracidad, sino que lo hacía parecer algo normal.

Jack alejó la mirada de la ventana y la volvió hacía el teléfono móvil que el comandante Gillroy le había dado para que le llamase cuando tuviera las cosas claras. Lo cogió en las manos y fue dándole vueltas mientras la propuesta lentamente se abría paso en su mente.

Bajo el nombre en código de ‘Dullahan’, Gillroy estaba organizando una unidad de élite anti-terrorista.

Tras un breve suspiro, apuró la cerveza que quedaba en la jarra y abrió el teléfono.

29 de mayo de 2011

Hedor a Enfermedad

Llevo día y medio casi sin salir de mi habitación, apenas para acercarme al cuarto de baño o a la despensa en busca de algo que beber y ya que apenas pruebo bocado que éste pugna por volver a salir. Me siento debatido, agotado y mareado, pero aún así, aún así conservo todavía algo de ese estado de felicidad que, aunque no sea abrumador, consigo que acompañe siempre. Y es que, además de otras cosas, estoy orgulloso. Orgulloso de mí mismo.

Pues sí, no voy a negarlo ni a fingir que no es verdad, estoy muy contento de mí. Hace dos días, justo el día antes de que empezase mis náuseas y vómitos, acabamos el primer año del curso. Y la verdad es que durante el curso han pasado varias cosas, muchas incluso. Y estoy muy orgulloso de cómo actúe durante ese tiempo. Porque son nuestros actos los que nos definen, no lo que decimos. Las palabras se las lleva el viento, pero nuestras acciones dejan huella en nosotros y en los demás. Y estoy contento de haber sido y haberme demostrado ser una persona de acción, aunque no sin que eso tuviera consecuencias, como el agotamiento y la decepción.

Pero, quizás, de lo que estoy más orgulloso de mí es del hecho de que he sido capaz de acabar este año. Teniendo en cuenta mi historial no se trata de una hazaña menor. Para bien o para mal sé que me cuestan los compromisos a medio o largo plazo, compromisos de lo que sea. La parte positiva asociada a eso, o al menos yo la veo como positiva, es mi inconformidad, mi capacidad de luchar hasta el final, aunque la batalla, o incluso la guerra, esté ya perdida, por aquello que pienso o en lo que creo.

Ahora mismo no sé si toda esta reflexión existencial sobre mí mismo procede de mí o acaso es fruto de mi estado. Será mejor que me tumbe a descansar en la cama, rodeado por ese hedor a enfermedad.

10 de abril de 2011

El Lastre en Mí

Con una pareja, dos de mis mejores amigos, entramos en el aeropuerto de Dublín. Tanto ellos como yo hemos llegado esta misma mañana temprano y, ahora, al mediodía, él y yo tenemos que coger un vuelo a Barcelona. Él para enlazar con otro vuelo a su Nueva York natal y yo… creo que era porque volvía. No lo tengo muy claro.

Mientras los dos nos dirigimos a la mesa de embarque, mi amiga y novia de él se aleja de nosotros para ir a la oficina de policía pues había perdido, o quizás era que se lo habían robado… El caso es que no tenía su documentación encima.

Hablando con la asistente de la compañía aérea, nos confirma que, aunque no vamos sobrados de tiempo tampoco vamos excesivamente justos. Aunque no recuerdo los detalles exactos, él y yo empezamos a bromear y, mientras estamos riéndonos a carcajadas, nos encontramos de nuevo con mi amiga, que se encuentra con otras tres chicas. Dos de ellas, de pelo rubio, una liso y la otra rizado; la tercera, de pelo castaño, liso y con gafas.

Entonces, mientras me quedó mirando a esta última chica, empiezo a revivir estos últimos instantes des de lo que parece el punto de vista de la chica de pelo castaño. Como mi amiga les habla de mí, como nos ve acercarnos mientras estamos bromeando y como va pensando que soy alguien prepotente y engreído.

Tras eso, vuelvo al tiempo actual, al lado de mis amigos, camino hacia la puerta de embarque. Delante de nosotros, caminando junto a la chica de pelo castaño, también estoy yo. Idéntico a mí en todo, excepto en que lleva una muleta en el lado izquierdo debido a una cojera en la pierna. La chica parece haber cambiado su opinión sobre mí pues ambos bromean continuamente e incluso ella se acerca a él, a mí, para ayudar con el equilibrio.

Por casualidad, miro la hora. Falta diez minutos para la salida del vuelo y mi otro yo va demasiado despacio. No sólo por la cojera, sino porque no para de entretenerse con la chica. Miro a mi amigo y tras asentir voy hacia mi otro yo.

Cojo su billete y aclaramos que viajaré yo a Barcelona en lugar de él. Mi amigo y yo cruzamos las puertas automáticas que dan a la sala de embarque.

Despierto.

29 de marzo de 2011

Dejadme que os Hable de...

Dejadme que os hable
de un lugar donde
el verdor está
allí donde mires.

Dejadme que os hable
del sitio al que
mi mente regresa
cuando necesita escapar.

Dejadme que os hable
de una isla
llena de verdes valles
y lagos encantados.

Dejadme que os hable
de allí donde
la gente te recibe
con una sonrisa.

Dejadme que os hable
de una tierra en la que
nacieron poetas
y vivieron soñadores.

Dejadme que os hable
del país donde
las hadas siguen
pareciendo reales.

Dejadme que os hable
de la vieja Irlanda.

28 de marzo de 2011

Si los Sueños se Hacen Realidad

(Dreams Come True, HammerFall)

Nunca pensé que volvería a sentir,
sentir la oscuridad desvanecerse
y ver salir el sol de la mañana.
Nunca pensé que volvería a sentirme vivo,
los sentidos borrosos y apagados de todas las mentiras.

Ahora, cuando sostengo tu cara
tan cerca de la mía,
veo un sitio donde el sol brillará,
contigo es divino.

Mirando en esos ojos,
sé que me perderé y nunca me encontrarán.
Bésame una vez
y me derretiré y moriré.
Bésame dos veces
y de tu lado nunca me iré…
Si los sueños se hacen realidad.

¿Me atrevo a confiar esta vez?
Ooh, las Campanas de la Fortuna,
¿las oiré repicar alguna vez?
Sólo aquellos que se han quemado antes
conocen el significado del llameante Infierno.

Era lo noche oscura,
tú eres el alba.
Salvándome, pues estaba condenado,
bajo tu luz, he renacido.

Mirando en esos ojos,
sé que me perderé y nunca me encontrarán.
Bésame una vez
y me derretiré y moriré.
Bésame dos veces
y de tu lado nunca me iré…
Si los sueños se hacen realidad.

Cuando los muros se nos caigan encima,
cuando todo lo que veamos sea miseria,
¿todavía creerás en mí?

Mirando en esos ojos,
sé que me perderé y nunca me encontrarán.
Bésame una vez
y me derretiré y moriré.
Bésame dos veces
y de tu lado nunca me iré,
hasta que llegue el invierno,
siempre a tu lado…
Si los sueños se hacen realidad.

27 de marzo de 2011

La Historia del Zarévich Viktor (VIII)

Cuando la Loba apareció con el zarévich en el vasto patio del palacio todo pareció tomar más vida. Elena la Bella sonrió, secando sus lágrimas; se oyó relinchar en la cuadra al Caballo de las Crines de Oro, y el Pájaro de Fuego esparció tal resplandor, que llenó de luz todo el palacio.

Al entrar Viktor en éste, vio todos los preparativos para el banquete de boda y que estaban ya reunidos los invitados a la ceremonia para acompañar a los novios Dmitriy y Elena. Ésta, al ver a su amigo, se le echó al cuello abrazándolo estrechamente, viéndose salvada de nuevo. En ese momento, volvió a aparecer la anciana bruja quien contó al zar cómo fue Viktor quién sacó a Elena de su reino, consiguió el Caballo de las Crines de Oro y obtuvo al Pájaro de Fuego; y, que después, mientras Viktor dormía, sus hermanos lo habían matado. Elena con lágrimas en los ojos, asintió a las palabras de la anciana, que sin añadir nada más, desapareció otra vez. El zar Aleksey, lleno de cólera, ordenó que expulsasen de su reino a sus dos hijos mayores.

Dos días después, Viktor acompañó a Elena, que iba a lomos del Caballo de las Crines de Oro al límite de su reino. En el cielo, el Pájaro de Fuego volaba libre.

- Gracias por todo lo que has hecho por mí, Viktor.

Y tras despedirse se alejó, hacia el horizonte. El zarévich se tumbó en la hierba, sin poder parar de pensar en la Loba Plateada que había desaparecido sin ningún aviso.

- ¿Me echabas de menos? - oyó su voz cristalina cerca de él.

Al girar la vista, Viktor quedó sorprendido. En lugar de la enorme loba de piel grisácea, se encontraba una bella joven con una larga cabellera plateada.

- ¿Eres tú, amiga mía?

- Sí, zarévich Viktor, soy yo. - dijo mientras se acercó a él - La anciana bruja es mi madre, y me pidió que te ayudará en tu empresa.

- Sin tu ayuda, jamás lo hubiera logrado. Y ahora que todo ha acabado, no volveré a verte. - dijo cabizbajo.

- No tiene porque ser así, Viktor.

El zarévich Viktor y la joven de melena plateada se besaron y vivieron juntos y felices hasta el final de sus días.

26 de marzo de 2011

Viejas Fotografías

En el fondo del cajón
guardo viejas fotografías,
recuerdo de ese verano
vivido tres años atrás.

Montañas de piedra caliza,
laderas pobladas de robles,
donde las ardillas anidan.
Escondiéndonos del sol
nos besamos en la sombra,
como dos adolescentes.

Aquella habitación de hotel
donde, sin perder la ocasión
me quitabas la ropa
y, llenos de pasión
hacíamos el amor
hasta el amanecer.

Un cielo lleno de buitres,
sus graznidos rasgando el aire.
Tu sonrisa de medio lado
que escondía tanto,
tu mirada ladina
que tardé en entender.

La cascada de agua
alimentaba el lago.
Lejos de miradas indiscretas,
liberamos nuestros cuerpos.
Piel contra piel,
un solo ritmo.

Siguen en el cajón
esas viejas fotografías,
recuerdo de ese verano
vivido tres años atrás.